II
En menos de un mes el bulto en la cabeza de Angelita había duplicado su tamaño. Pasaba largos ratos mirándose en el espejo mientras sostenía sus cabellos con una mano y con la otra recorría la prominente superficie que asomaba ya unos tres centímetros. Yo empezaba a preocuparme pero ella se negaba a ir al médico. Tenía miedo, y en sus fantasías hacía diagnósticos cada vez más catastróficos. Poco a poco se fue poniendo taciturna e irritable. Daba la impresión de estar viviendo una interminable menstruación. Conocía ese estado ya que cada mes la afectaba durante cuatro o cinco días. Entonces su ánimo se tornaba lunático, todo le molestaba más de lo usual. La vida carecía de brillo, nada la entusiasmaba. Permanecía encerrada en su cuerpo sangrante aislada de un mundo hostil del que nos hacía responsables. Particularmente a mí. Pero un día, de pronto, amanecía alegre y comunicativa con lo que todos en la casa comprendíamos que había finalizado el período de penitencia al que habíamos estado sometidos. Pero en esta ocasión cada vez era peor.
Finalmente volví una noche del trabajo con una cita confirmada con el Dr. Bronstein. Le mostré el papelito con la fecha y la hora de la consulta sin decir una palabra. Angelita lo miró atentamente. Me tomó la mano y bajó la cabeza justo cuando una lágrima asomaba desde su ojo izquierdo. Me sentí bien. Creo.
Esos días debo haber estado visiblemente alterado de manera que Eugenia, la secretaria del contador, me preguntó varias veces si me ocurría algo. Lo negué al principio hasta que la misma tarde en que debíamos ir al consultorio me sinceré con ella.
- Es Angelita, tiene un bulto en la cabeza. Hoy vamos al médico.
- ¿Pero vos nunca te preocupás por vos mismo?
- Bueno, yo no tengo un bulto en mi cabeza, por ahora.
- Lo que vos no tenés es cabeza.
Casi nunca entiendo a Eugenia. Estoy seguro de que me aprecia, que me valora, incluso por cualidades que no tengo. Pero cada vez que tocamos algún tema personal –y esto ocurre muy raramente- me desorienta con sus palabras. Hay una mezcla de enojo y de enigma en todo cuanto me dice. Es tan difícil comprender a las mujeres.
2 Comments:
Por favor, continúe el relato. Me ha gustado su forma de escribir y tengo curiosidad por Angelita, Eugenia y Sebastián.
Saludos.
Javier P.
yo se perfectamente como llegué aqui.
No me arrepiento.
Espero , interesadíma, la continuacion.
PD: usé un blog que no es mio para poder dejar comentario...yo no tengo blog. silvia.
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